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miércoles, 21 de diciembre de 2016

DECIR NAVIDAD, ES DECIR FAMILIA

Qué bueno es ver llegar la Navidad !!!. Todo es luz, música y fiesta. El mundo cristiano celebra la Navidad, cada país a su modo; se reviven las tradiciones de familia: el pesebre, los villancicos, las tarjetas de navidad, la cena de navidad, los regalos entre la familia y con los amigos.

Y por qué cada año celebramos la Navidad?. Un gran acontecimiento nos motiva a celebrar la navidad: el nacimiento de Dios en Belén; un nacimiento que se realiza en forma muy humana, pero, a la vez, muy misteriosa también. Es que el mismo Dios ha querido hacerse hombre, apareciendo en el seno de una familia humilde y sencilla, como la de tantos de nosotros.

El arte en sus diversas formas y modalidades ha encontrado placer en representar escenas de la infancia de Jesús de Nazareth: el anuncio del ángel a María, el nacimiento, la adoración de los pastores y de los magos de oriente, etc. Éstos son motivos tan humanos que a todos nos atraen porque, en alguna forma, vemos en tales escenas reflejada nuestra propia vida. No solo los pintores, también los poetas y cantantes han inmortalizado con poemas y canciones este acontecimiento, como “Noche de paz”, internacionalmente conocida, o como la del célebre mariólogo S. Alfonso M. De Liguorio en italiano –“Tu scendi dalle stelle”- (desciendes de la altura).

Pero no todo puede ser solo floklore. Es necesario meditar un poco, al menos, en el sentido del misterio navideño que conmemoramos. Qué significa el hecho de que el mismo Dios haya querido encarnarse, hacerse hombre como nosotros en el vientre de una Virgen de nuestro pueblo y en medio de una familia?. Y no quiso aparecer en medio de nosotros ya adulto, lo que le habría ahorrado los sufrimientos de la infancia….. Quiso nacer niño, sometiéndose así a todas las limitaciones humanas: debilidad, pobreza, dependencia de los demás, etc.

Dios quiso experimentar todo el proceso de desarrollo y crecimiento de todo ser humano: concepción, nacimiento, crecimiento, escuela y taller… “El niño crecía y progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”, escribió S. Lucas en su Evangelio (2,52). Todos, esposos y padres de familia, los hijos, podemos ver en el Niño de Belén un ejemplo, un modelo de vida para cada edad, como también en la familia de Nazareth.

San Juan Pablo II escribió a propósito de la familia: “no hay en el mundo otra imagen más perfecta, más completa de lo que es Dios: Unidad y comunión. No hay otra realidad humana que corresponda mejor a este misterio divino”. Sin duda que el Papa se refería, a través de Dios-Familia a la familia de Nazareth, a cada una de nuestras familias, si en ellas se vive el amor, la unidad, el diálogo, la solidaridad, la comprensión, el apoyo mutuo.

Algo similar al pensamiento de San Juan Pablo II escribió también el Celam en un documento preparatorio para el Sínodo de Obispos sobre la familia (1980): “esta trinidad humana (padre, madre e hijo) fue creada desde el principio como una especie de ‘sacramento natural’ de Dios Familia”. Ciertamente, esta trinidad humana nos remite a la primera familia en el mundo (Adán, Eva, Set), a la Familia de Nazareth, también a mi propia familia.

Como Jesús de Nazaret, cada uno de nosotros hemos nacido en el seno de una familia, como fruto del amor de un padre y de una madre; como Jesús-Niño todos nosotros hemos ido creciendo en estatura y en sabiduría; como Jesús, quizás, hemos experimentado la pobreza, el deber emigrar a un país extraño, la persecución, el trabajo, la traición de un amigo, etc. Por todo esto, Dios quiso hacerse hombre, hacerse niño, para ser modelo y ejemplo en las más diversas circunstancias de la vida.

También como Jesús, llamamos a Dios Padre, porque el Verbo, haciéndose carne en María se hizo hijo, se hizo nuestro hermano; Él es nuestro compañero de camino hacia la Casa del Padre común. Porque hubo una Primera Navidad podemos considerarnos de verdad hijos de Dios, hermanos todos nosotros con Jesús, nuestro Hermano Mayor.

Para ms informacion, visite: Iglesias Domesticas

miércoles, 25 de mayo de 2016

Nosotros Oramos 3860 días…y Dios respondió

“Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol” Eclesiastés 3,1

Nos casamos el 16 de julio del año 2005 en la capital colombiana. Al año, mi esposa fue diagnosticada con endometriosis (quistes en el Ovario), la cual la llevó a una cirugía conocida como laparoscopia para remover y limpiar los ovarios (encargados de producir los óvulos). El ginecólogo después de la cirugía, nos advirtió que en el futuro, podría volver  a aparecer nuevamente estos quistes.  Efectivamente, en el 2014, Andrea, fue nuevamente a cirugía; en este caso el pronóstico era más delicado, ya que había una infección en el útero que comprometía la trompa de falopio de la izquierda (tubos que conectan los ovarios con el útero); la cual fue removida con una segunda laparoscopia.

Estas dos cirugías, la falta de ovulación,  junto con la baja producción de esperma, la inmigración hacia los Estados Unidos en busca de nuevas oportunidades, el trabajo excesivo, el estrés, entre otros, hacían parte de la lista de situaciones que no permitían que a nuestro hogar llegara la bendición que a largo de más de diez años estábamos esperando: Un hijo.

El 29 de febrero del presente año, un médico especializado en fertilidad, nos presentó cuatro razones por las cuales naturalmente no podíamos tener hijos. La única opción posible, según el especialista, era a través de la fecundación in vitro; opción que inmediatamente descartamos por nuestras creencias, ya que estas técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña a los cónyuges (donación del esperma o del óvulo, préstamo de útero) son gravemente deshonestas. Estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales heterólogas) lesionan el derecho del niño a nacer de un padre y una madre conocidos de él y ligados entre sí por el matrimonio. Quebrantan “su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro” (Catecismo de la Iglesia Católica No. 2376)

Fue entonces que el 24 de marzo, a vísperas de comenzar el triduo pascual, después de orar por 3860 días, sirviendo como esposos en la oficina de pastoral familiar hispana de la Diócesis de Raleigh, elaborando, desarrollando e implementado  proyectos a nivel de Cursos Pre-Matrimoniales, Encuentros de Pareja, Escuela de Padres, Programas de Educación Sexual para Padres, Métodos Naturales de Planificación Familiar y Ciclos de Catequesis para las familias, Dios nos respondió… Thomas Cardona-blanco tiene vida y se está formando en el vientre de mi bella esposa con 14 semanas, haciendo que nuestra existencia tenga un sentido más profundo en los que esperan en Dios y alcanzan recompensa.

Entendimos que los hijos llegan, no desde nuestros planes, sino el en el tiempo de Dios. Comprendimos que el Señor, desde su infinita sabiduría te utiliza como instrumento, a pesar de nuestras limitaciones, para fortalecer el matrimonio y la familia. Sin importar los dictámenes médicos, que en ocasiones te invita a ir en contra de la fe, Dios se toma su tiempo para pulirnos en el crisol de la fe, la perseverancia y la esperanza.

Si eres padre de familia, te invitamos para que hoy le expreses desde lo más profundo de tu corazón, cuanto amas a tus hijos. Si todavía no los tienes, te invitamos a orar a Dios, sin desanimarse, ya que hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol.

Para más información, visite: www.iglesiasdomesticas.com



miércoles, 20 de enero de 2016

Catequesis para las familias en el Año de la Misericordia

El 8 de diciembre de 2015, el Papa Francisco, abrió la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro, en el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II, dando apertura al Año Extraordinario de la Misericordia. Jubileo que concluirá el 20 de noviembre de 2016, en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo; tiempo propicio para que la Iglesia haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes.

“Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida”, fueron las palabras que el Santo Padre utilizó en la Bula de convocatoria del 11 de abril en Roma, para ilustrar el tema central del jubileo, a la luz de la Palabra del Señor: «Sed misericordiosos como el Padre» (cf. Lc 6, 36).

Desde los lineamientos pastorales y las actividades propuestas por el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, Dicasterio encargado por el Papa Francisco en animar este Jubileo, presentamos un ciclo de doce Catequesis, bajo el tema: “La Familia, Centro de Amor y Misericordia”. Una invitación para que la Comunidad Hispana, en sus hogares y parroquias, realicen a través de la formación doctrinal y la acción pastoral, obras concretas de misericordia durante este año jubilar.

A partir del 1 de Diciembre y mes a mes, podrá adquirir esta catequesis en nuestra página web: www.iglesiasdomesticas.com

Lo invitamos para que sea parte de esta ruta catequética, haciendo eco de la Palabra de Dios y convirtiendo a su familia en Centro de Amor y Misericordia.

Para más información, visite: www.iglesiasdomesticas.com

miércoles, 20 de mayo de 2015

La Pareja - Familia Está Llamada a la Perfección Cristiana

Tradicionalmente la pareja - familia estaba excluida de la posibilidad de llegar a
la perfección cristiana; se afirmaba que la santidad era ‘monopolio’ de los obispos y
de losreligiosos(as). En el siglo XVIII S. Alfonso M. De Liguori, Doctor de la iglesia,
en sus escritos pastorales reivindicó el derecho a la perfección cristiana de
todos los hombres, incluso de las parejas y familias. En el catálogo de los
santos han prevalecido los Papas, los clérigos y los religiosos; de las 1.000
personas canonizadas por Juan Pablo II, solo 75 han llevado vida de familia.
Esto revela que de verdad había un ‘monopolio’ de la santidad para unos pocos,
cuando la llamada a la santidad es para todos: “sed santos como Yo soy Santo”,
dice el Señor (Lev. 19,2).

Pero será con el Concilio Vaticano II cuando esta doctrina de la llamada universal a
la santidad tenga un pleno respaldo. La Constitución dogmática Lumen gentium en su
capítulo quinto afirma: “es, pues, completamente claro que todos los fieles de
cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana
y a la perfección de la caridad” (n. 40). Refiriéndose a los esposos, dice:
“los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la
fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de
toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los
hijos amorosamente recibidos de Dios” (n. 41).

Durante el Sínodo de Obispos sobre la familia (1.980) los padres sinodales sugirieron
al Papa Juan Pablo II canonizar al final del sínodo a una pareja de esposos; el Papa
estuvo de acuerdo y ordenó que escogiera la pareja; en aquel momento no fue posible,
pero posteriormente este mismo Papa elevó al honor de los altares como ‘beatos’
a los esposos italianos Quatrocchi, padres de varios hijos religiosos. Desde
entonces la iglesia ha reconocido la virtud heroica de varios esposos y esposas.
Un caso singular en la historia de la iglesia es la familia de S. Bernardo de
Claraval, llamada ‘la familia que alcanzó a Cristo’: en ella padres e hijos
todos han sido reconocidos como santos.

Un motivo histórico de la prevalencia de personas célibes en el catálogo de los
santos fue el prejuicio que se tuvo de frente a la sexualidad; se le consideraba como
fuente de pecado; lo único que excusaba de pecado en el ejercicio conyugal de la
sexualidad era la razón de servir a la procreación; modernamente, la sexualidad
ha sido reivindicada y se le mira como algo bueno y positivo; Dios creó al ser
humano como varón y mujer, y esto le pareció muy bien. El matrimonio que, a
causa de los prejuicios teológicos de otra época fue colocado en el último
lugar del ‘septenario’, hoy es considerado como el primer sacramento de la
historia; el ‘sacramento más antiguo’, lo llama un teólogo laico, Giorgio
Campanini.

La Lumen gentium afirma explícitamente: “los esposos se constituyen en testigos y
colaboradores de la fecundidad de la madre iglesia, como símbolo y participación de aquel
amor con que Cristo amó a su esposa y se entregó a sí mismo por ella” (n. 41). La
teología posconciliar ha desarrollado ampliamente algunas categorías nuevas en torno
a la pareja–familia como son: ‘imagen de la Trinidad’, ‘pequeña iglesia’,
‘templo de la vida’. Estas categorías revelan la alta dignidad de la
pareja-familia delante de Dios y de los hombres.

Juan Pablo II en la Familiaris consortio relievando la dignidad de la familia dedujo
la gran responsabilidad de realizar lo que ella misma es: “familia, sé lo que eres”.
Esta consigna la dijo aludiendo a la identidad y misión de la pareja-familia: “en
el designio de Dios Creador y Redentor la familia descubre no solo su
‘identidad’ –lo que es-, sino también su ‘misión’ lo que puede y debe hacer. El
cometido que ella por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la
historia, brota de su mismo ser y representa su desarrollo dinámico y
existencial. Toda familia descubre y encuentra en sí misma la llamada
imborrable que define a la vez su dignidad y su responsabilidad: familia, sé lo
que eres” (FC. n. 17).

La perfección cristiana a la que está llamada la pareja-familia se inscribe en un
proceso dinámico de crecimiento; la Constitución pastoral del Concilio Vaticano II
Gaudium et spes, aludiendo a esta perfección humana y cristiana emplea
verbos en futuro: “con la unión íntima de sus personas y actividades se ayudan
y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y la logran cada
vez más plenamente” (n. 48); “llegan cada vez más a su propia perfección y a su
mutua santificación y, por tanto, conjuntamente a la glorificación de Dios” (n.
48).

Cómo célula vital de la iglesia y de la comunidad es en la pareja y familia donde se
inicia el proceso de respuesta a la llamada de Dios a todos los hombres y mujeres a ser
santos como Él es Santo.

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martes, 31 de marzo de 2015

Eligiendo las Lecturas

Ok. Siento que la vida se ha vuelto un poco loca este mes. Primero, hubo un poco de drama con la boda. Para los que no leyeron la última publicación, el sitio para la recepción que habíamos reservado el julio pasado se cerró en Febrero y nos dejó buscando un lugar alternativo. Por fin encontramos un sitio cuando otra pareja en el listado de espera decidió no tomar el sitio.

También, hace poco empecé mi nuevo trabajo como profesora de inglés en la Universidad de Chile. Como se pueden imaginar, planear una clase nueva como profesora de primer año ocupa mucho tiempo así que entre ello y preparando mi tesis de maestría, he estado trabajando muy tarde por las noches (y probablemente será así por el resto del semestre). Juan acaba de terminar su práctica profesional y regresó a la universidad para lo que parece que será un semestre difícil.

Pero, entre toda esta actividad surge la cuaresma llamando a la tranquilidad, crecimiento espiritual, conversión, y reflexión. Ha sido muy difícil realmente entrar en el espíritu de la cuaresma con todas estas nuevas actividades en nuestras vidas y toda la locura que las acompaña. Mientras he adherido a mi sacrificio de cuaresma, el libro que planeaba terminar, Introducción a la vida devota (el cual es fantástico por si acaso) está todavía en mi velador desde enero sin leer. Aun así, Juan y yo creemos firmemente que si algo es importante, uno siempre puede hacer tiempo para ello. En la próximas semanas vamos a intentar dar más tiempo para la fe, para nuestra novena de boda, para la misa en la catedral, y para las actividades provida en la cuales vamos a estar participando.

En toda esta locura, una cosa que sí hemos hecho como una pareja en esta cuaresma es elegir las lecturas de la boda. Sí no has planeado tu misa de boda todavía, déjame decirte que esta es una de las mejores partes de planear tu día. En verdad, estuve bastante sorprendida cuando vi cuantas opciones hay para las lecturas, los salmos, las peticiones, y las bendiciones. Es fantástico porque te da la oportunidad de reflejar tu propia vocación dentro de la vocación de matrimonio, y como Dios ha hablado a ustedes como  una pareja, y luego ver eso reflejado en las lecturas y oraciones de tu boda.

Juan y yo empezamos a pensar en las lecturas para nuestra boda cuando hicimos un retiro para preparación matrimonial en el pequeño pueblo de Marathon, WI en Julio 2014. Tuvimos que hacer el retiro requerido en este tiempo ya que sabíamos que estaríamos fuera del país hasta casi la fecha de la boda. El retiro tuvo lugar en un monasterio hermoso convertido en un centro de retiro con un bosque alrededor y un riachuelo que cruza la propiedad. Al final del primer día, decidimos leer juntos las opciones para las lecturas en el librito que nos habían entregado mi parroquia. Mientras las leíamos y orábamos con ellas, escogimos algunas de nuestras favoritas.

Desde ese día no habíamos específicamente mirado las lecturas de nuevo. Es interesante porque, creo que si hubiéramos reunido, digamos, cuatro veces para elegir las lecturas, podríamos haber elegido cuatro lecturas distintas. Cuando vimos las lecturas hace una semana antes de la Misa, decidimos rápidamente la primera lectura, la de Tobías en lo cual Tobías y su novia Sara empiezan su matrimonio con una oración pidiendo la bendición de Dios. Juan especialmente quería esta lectura, ya que la parte que describe el plan de Dios en la creación para el matrimonio y la parte con la oración para vivir juntos hasta un vejez feliz son muy significativas para él. Para el evangelio, elegimos sin mucha dificultad la lectura en la cual Jesús cita a Génesis para explicar el plan de Dios para el matrimonio. La segunda lectura era más difícil elegir. Habíamos pensado antes que usaríamos a Efesias (Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia) o Corintios (El amor es paciente, es bondadoso). Aunque las dos son lecturas muy hermosas, y muy ricas en teológica matrimonial, no estuvimos seguros de ellas. Mencioné que me había gustado la lectura de Filipenses (2:4-9), aunque no la recordaba muy bien. Mientras la leíamos juntos en silencio, pensé que esta era la lectura. Juan expresó lo mismo cuando terminó de leer y dijo, “Esta es.”

La lectura de Filipenses, mientras tal vez menos usada que las otras que estuvimos considerando, es también muy hermosa. Empieza con la exhortación de “alegrarse siempre en el Señor” y “no angustiarse por nada,” sino poner nuestra confianza en el Señor. Finalmente, se concluye con una instrucción a enfocarnos en todas las cosas verdaderas y nobles, justas y puras mientras vamos caminando en nuestras vidas de fe. Un consejo sencillo, pero profundo y a veces muy desafiante. Es como un manual práctico para vivir una vida matrimonial feliz y sana.

Redescubrir y luego elegir esta lectura para nuestra boda ha sido para mí un verdadero regalo durante el tiempo ocupado en nuestras vidas porque nos recuerda a dar prioridad a las cosas más importantes y “no angustiarnos por nada,” y una invitación de Dios a siempre confiar en él.


Así que si no has elegido tus lecturas todavía, espero que disfrutes mucho de esta maravillosa oportunidad para descubrir lo que Dios quiere decir de ustedes y a ustedes cuando empiecen su vida matrimonial. Qué se diviertan descubriendo cuales son las lecturas más significativas para ti y tu novio/a y por qué. Seguramente va a ser una de las preparaciones más importantes que harán juntos.

miércoles, 25 de febrero de 2015

La Reconciliación Comienza Por Casa…

De ‘reconciliación’ se habla desde hace mucho rato; para lograr la reconciliación en los conflictos bélicos, étnicos, incluso religiosos, en muchos países del mundo se están haciendo ingentes esfuerzos, a veces con mediocres resultados. Pero el término ‘reconciliación’ aparece ya implícito en épocas muy antiguas. Adán y Eva, sintiéndose culpables de su pecado, se escondieron de la presencia de Yhavé (Gén. 3,1-19); David reconoció su culpa ante el reproche del profeta Natán (II. Sam. 12,1-15); el Apóstol Pablo, ya en el Nuevo Testamento, siente el reproche interior de su conciencia que lo lleva a reconocer la incoherencia en su conducta (Rom. 7,14-24). Todos, en fín, alcanzaron la reconciliación.

La conciencia de pecado a lo largo de la historia atestigua que el hombre es víctima de su propia mala conducta y lo lleva a buscar la paz, la reconciliación, en alguna parte. El profeta Jeremías entendía el pecado como alejamiento de Dios; por esta razón en su oración concebía la reconciliación como un ‘volver a Dios’: “hazme volver y volveré” (Jer. 31,18). Es, pues, un hecho histórico el sentido de culpa y la necesidad de reconciliación.

Los Estados civiles han hecho esfuerzos especiales por lograr la reconciliación entre los pueblos en conflicto; el derecho civil ha creado categorías especiales (perdón, indulto, amnistía) como medios para lograr el reencuentro de los pueblos en lucha. Surge una pregunta a este respecto: la reconciliación viene de fuera hacia adentro?; o mejor, va de adentro hacia afuera?. Por esta razón afirmamos que la reconciliación comienza por casa. Algunos escritores se han referido a la lucha proverbial entre amor y odio a lo largo de la historia; uno y otro han intentado prevalecer sobre su contrario. El campo en que se libra esta batalla es el corazón del hombre. Incluso el Evangelio de S. Mateo (10,35) alude a que “los enemigos de cada cual serán los que conviven con él”; es decir, los de su propia casa. La reconciliación, pues, deberá comenzar por casa; un ejemplo típico es el caso de Zaqueo a quien Jesús de Nazareth le confirmó en su propia casa, al conocer la actitud de conversión, “hoy la salvación ha llegado a esta casa” (Lc. 19,9). 

Encuentro en el Documento de Puebla un testimonio válido para dar fundamento a la afirmación de que la reconciliación comienza por casa: Puebla alude a los cuatros rostros del amor humano que “encuentran su pleno desarrollo en la vida de familia: nupcialidad, paternidad-maternidad, filiación y hermandad” (n. 583). Desde esta perspectiva es posible afirmar que la reconciliación es la reconstrucción de cada uno de los rostros de la familia cuando el pecado del odio, del rechazo, de la venganza, irrumpe en el corazón humano generando una ruptura. Reconstruir el rostro del amor conyugal entre los esposos, entre padres e hijos, entre hermanos, es operar la reconciliación intergeneracional. A partir de esta reconciliación en el núcleo mismo de la familia, en la que es “la célula vital y fundamental de la sociedad“ (AA. n. 11) se podrá llegar a niveles más amplios cada vez, porque “el bien es, por naturaleza, difusivo”, como afirmó el ‘Doctor Angélico’. Los padres de familia comprenderán que tienen una responsabilidad muy especial de frente a la reconciliación dentro y fuera de su casa; el Concilio  Vaticano II les reconoció un ‘protagonismo’ propio en la sociedad y en la iglesia. 

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miércoles, 18 de febrero de 2015

Hagamos La Verdad Con Amor

Hacer la verdad con amor es una sentencia que encontramos en la Carta a los Efesios (4,15); aparece en el contexto de la construcción de la comunidad cristiana como cimentada en los dos pilares de la verdad y del amor. Ya en el Antiguo Testamento, en la plegaria de los Salmos, el israelita oraba a Yhavé invocándolo en estos términos: Señor, Tú que hiciste alianza con tu pueblo por amor, permanece fiel (en la verdad) a tu alianza.

Hacer la verdad con amor era un principio pedagógico que ya usaban los antiguos romanos: “firmiter in re, suaviter in modo”, que traducida a nuestra lengua española equivale a decir: mantenerse firmes en los principios, pero siendo flexibles en el modo de aplicarlos. Vemos claramente que la equivalencia del slogan de los romanos con la sentencia bíblica es patente. Uno y otro, que tienen plena validez en la pedagogía familiar; pero hoy han entrado en crisis en la educación en familia y en la escuela.
Esta crisis se manifiesta en el paso del rigorismo, al permisivismo. Solemos decir que los “extremos son viciosos”; ciertamente que lo son; el rigorismo genera niños miedosos y el permisivismo hace niños sin Dios y sin ley. Un autor describió este cambio, refiriéndose a los padres de familia, con estas palabras: “somos los últimos hijos que fuimos regañados por nuestros padres y ahora somos los primeros padres en ser regañados por nuestros hijos”.

Se hace necesario buscar y encontrar el equilibrio entre autoridad y flexibilidad. No es fácil, pero sí es posible. La sentencia de la Carta a los Efesios y el slogan de los antiguos romanos nos dan una pista: los padres de familia deben saben conciliar los grandes principios de la verdad, de la justicia, de la solidaridad, etc, con la exigencia de amor, de comprensión, de flexibilidad, de acompañamiento que necesitan el niño, el adolescente, el joven en el proceso gradual y progresivo de su crecimiento. 
Este acompañamiento tiene sus fases o etapas: el niño, el adolescente, el joven, necesitan un trato diferenciado según su edad, su carácter, su desarrollo. No es lo mismo el niño de cinco años, que el chico de doce o joven de dieciocho años; cada uno de ellos experimenta cambios diversos, vive situaciones distintas, afronta problemas diferentes, de acuerdo a la etapa de su desarrollo y de su edad. Aplicar la sentencia bíblica de “hacer la verdad con amor”, o el principio de los romanos –“firmes en defender los valores humanos y cristianos, pero flexibles en el modo de aplicarlos”- quiere decir, inculcar las normas de vida haciendo ver que son razonables y justas, pero sin autoritarismo, sin acritud, sin ánimo de amenaza o de venganza. Laberthonnière, un escritor francés, escribió que “en la familia, como en cualquier otra institución, la autoridad de quien enseña debe respetarse tanto como la libertad de quien es enseñado”.

La corrección en familia entra en esta perspectiva de la conciliación de la verdad con el amor; el Libro de los Proverbios, en el Antiguo Testamento, afirma que “Dios reprende a aquel que ama como un padre a su hijo querido” (3,12). El padre, la madre de familia, al castigar deben hacer sentir que lo hacen precisamente porque aman al hijo. La corrección con odio, con desprecio engendra odio y rechazo; la corrección con amor genera aceptación y hasta gratitud. El Evangelio de S. Lucas nos cuenta que Jesús en Nazareth iba creciendo en edad, en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombre (2,52). Se podría añadir: crecía bajo la mirada tierna y dulce de María, bajo la autoridad de José y bajo el amor y la comprensión de ambos.

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miércoles, 28 de enero de 2015

La Conciencia de ser una sola carne

Se trata de un tema de gran interés para las parejas de esposos: es un tema muy antiguo y también muy nuevo. Es antiguo porque ya aparece en la primera página de la S. Escritura: la consigna propuesta por el Creador a la primera pareja de la historia: “los dos se harán una sola carne” (Gén. 2,24). Es también muy nuevo porque solo en la primera mitad del siglo XX algunos filósofos del lenguaje comenzaron a plantear este tema: los pronombres personales YO – TÚ conducen al NOSOTROS: Yo te amo, Tú me amas, NOSOTROS nos amamos. La pareja conyugal construye el NOSOTROS DEL AMOR.

El mismo Concilio Vaticano II  intuyó también esta realidad: “… los cónyuges se esforzarán de común acuerdo y común esfuerzo por formarse un juicio recto…” (GS. n. 50). “los propios cónyuges hechos a imagen de Dios (…) vivan unidos con el mismo cariño, modo idéntico de pensar y mutua santidad (GS. n. 52). Posteriormente, San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica postsinodal Familiaris consortio afirmó: “conviene tener presente que en la intimidad conyugal están implicadas las voluntades de dos personas, llamadas sin embargo a una armonía de mentalidad y de comportamiento. Esto exige no poca paciencia, simpatía y tiempo” (. 34).
Las mismas parejas de novios entrevén que este proyecto de vida de ‘ser una sola carne’ urge iniciar el proceso de crecimiento cuando se dicen uno a otro: “hoy te amo más que ayer, pero 
menos que mañana”. La misma S. Escritura emplea tres verbos en futuro para presentar este proyecto de vida: “el varón dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y se harán los dos una sola carne”. Es un proyecto a realizar durante la existencia de la pareja humana.

Cuando este proyecto no se pone en marcha dentro de la pareja viene entonces el dominio del macho y la sumisión de la mujer, hablan de lo mío y de lo tuyo (no de lo nuestro), y la pareja termina por derrumbarse. De ahí la importancia de inculcar, promover, formar y cultivar en la pareja este proyecto de SER UNA SOLA CARNE: esto exige, como decía el Concilio Vaticano II “común acuerdo  y común esfuerzo".

Pregunta de reflexión?

De qué manera, los esposos reflejan el mandato bíblico de ser "una sola carne?"

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martes, 22 de julio de 2014

Me Perdono, me perdonas y te perdono

El Evangelio de Mateo nos trae la gran respuesta que Jesús le dio a Pedro cuando éste le pregunta cuántas veces se debe perdonar al hermano, ya que la ley de los judíos daba una cantidad limitada de tres veces.  Pedro, queriendo ser mucho más generoso, lo multiplicó por dos y le agregó uno más, creyendo que la respuesta de siete veces iba a ser la misma del Maestro. Cuál sería la sorpresa de Pedro al escuchar de Jesús que debemos de perdonar hasta setenta veces siete, es decir: SIEMPRE. Por ello le cuenta la parábola del Rey que ajustó cuentas con sus empleados, perdonando a uno de ellos todo lo que le debía; pero éste al no hacer lo mismo con uno de sus compañeros fue llamado nuevamente por el Rey para ser recriminado por lo que no hizo: PERDONAR, y fue llevado  a la cárcel para que pagara todo lo que debía. (Leer Mateo 18: 21-35)

Padres, la manera de enseñar a la familia el tema del perdón es a través de nuestro ejemplo; es decir, por medio del testimonio que nosotros demos  interna (me perdono) y externamente (me perdonas y te perdono) en el hogar. Estas tres maneras  de perdonar van de  la mano, puesto que uno da de acuerdo lo que tiene en el corazón. Para ello,  los invitamos que analicen su vida personal a través de una serie de preguntas que les ayudarán a evaluar su relación con el perdón:

Me perdono: Haz cometido errores en tu vida? Cuáles? Sigues repitiendo esos errores? Quisieras cambiar esos errores por oportunidades? Quieres perdonarte? Te comprometes a no volverlos hacer? 
Me perdonas:  Haz ofendido a alguien con tu actitud o con tus acciones? Le has pedido perdón? Quisieras pedirle perdón nuevamente o por primera vez a él o ella? Te comprometes a cambiar esa actitud o manera de ser que no te deja crecer como persona?
Te perdono:  Te han pedido perdón? Cuál fue tu reacción? Perdonaste de verdad? Quieres perdonarlo de verdad? Estas dispuesto a decirle a él o ella que los perdonaste de corazón?
Padres, éstas tres maneras de trabajar el perdón, pueden ayudarnos a crear fuertes lazos de amistad en la comunidad y amor en la familia. Recuerden que el perdón no solamente se enseña sino que también se practica, y que mejor que desde el hogar.

Lo interesante del perdón es que es setenta veces siete, es decir: SIEMPRE; no siete veces como supuso Pedro o tres como creían los judíos. Todavía estamos a tiempo, comencemos ya!

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miércoles, 18 de junio de 2014

Cómo orar sin desanimarse?

El tema es aparentemente bastante fácil, si partimos de la base que la oración es un  diálogo de plena confianza con Dios, donde le exponemos de manera sencilla nuestras alegrías, tristezas, sueños, frustraciones, peticiones, agradecimientos  y todo lo que le podría contar a ese amigo que siempre está ahí, en las buenas y en las malas. Pero al mismo tiempo el tema adquiere cierto grado de dificultad cuando aparece el desánimo,  el cansancio o la desmotivación al creer que no existe destinatario al otro lado de la línea escuchando mi oración.

Jesús  en uno en sus pasajes, coloca como ejemplo a sus discípulos la historia del juez y la viuda que vivían en un pueblo. El primero no le temía a Dios y no le importaban los hombres, la segunda, le exclamaba justicia al juez frente a su adversario de manera constante. Pasó un largo tiempo y el juez fastidiado tanto de la súplica de la viuda que actuó. Al finalizar el ejemplo, Jesús compara la tardanza del juez en actuar con la respuesta de Dios, a lo que  pregunta y responde: “¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar”. (Leer Lucas 18, 1-8)
Pues bien, cuando vayas hacer tu oración personal o familiar debes tener en cuenta dos   elementos fundamentales en ese diálogo con el Padre: confianza de que todo aquello que se expresa  llega a oídos de Dios y alegría porque lo pedido fue cumplido en la brevedad del tiempo, al tal punto que después de hacer la oración debemos de actuar como si ya hubiésemos recibido respuesta.

No debemos desanimarnos con el paso del tiempo cuando hacemos ese contacto con Dios; la viuda nos enseña que a pesar de la injusticia, de la negligencia del juez para actuar, ella siempre suplicó, día y noche, a cada momento sin experimentar la derrota, hasta que alcanzó su cometido.

No nos desanimemos en orar, en ser buenas personas, en ser  mejores padres para nuestros hijos, en ser los mejores ciudadanos, en ser los mejores en cada cosa que realizamos. El desánimo es para aquellos que la cobardía, la falta de fe en Dios o las pocas metas trazadas los invaden día a día.


Ora siempre pensando que lo pedido fue cumplido.

miércoles, 4 de junio de 2014

Y dónde está tu Espiritu Santo?

El evangelio de Juan nos recuerda a quella experiencia inolvidable que vivieron los discípulos al anochecer de ese primer día de la semana: la visita de Jesús despúes de 50 días a la resurrección y su soplo de aliento para que ellos no siguieran encerrados en sus casas por miedo, al contrario los envió por todo el mundo a perdonar pecados o a retenerlos, si es el caso.

Este pasaje bíblico nos debe llevar a una reflexión seria sobre nuestro papel en la comunidad, de tal manera que nos preguntemos: y como católico, sigo encerrado en mi casa? Sigo encerrado en mi egoismo? Sigo encerrado en mi rutina diaria? Sigo encerrado en mi caja de cristal pensando que que yo soy más bueno que los demás? Sigo encerrado en la idea de condenar y calificar a los otros como pecadores, simplemente porque ellos no piensan o no actúan como yo? Sigo encerrado en no colaborar y prestar un servicio a mi comunidad en aquello que sé o que podría aprender? Sigo encerrando el talento que llevo en mi ser y que me fue dado gracias al Espíritu santo?

Jesús, antes de exhalar su aliento sobre los discípulos les pidió que salieran de ese encierro en el que andaban por el miedo o tal vez por cobardía, ya que así como el Padre lo envió, él estaba haciendo lo mismo con ellos, para  que continuaran con la obra de perdonar pecados; no como piensan algunos que se creen con poderes sobrenaturales o mágicos, sino a través del acompañamiento sin importar la condición del otro (Jesús y Zaqueo), de hacer valer al otro como persona  (Jesús y mujer adúltera), de hablar con aquella persona sin importar su status migratorio (Jesús y la Samaritana), de hacer parte de una comunidad unida por la oración y el servicio (la multiplicación de los panes), de ser justo y respetuoso con la norma estatal (Lucas 20,25). En fin,  Jesús antes de exhalar su aliento y depositar en cada uno de ellos el Espíritu Santo, pensó en todo esto para que tuviera sentido la fuerza que estaba inyectando en los discípulos.

Por eso, es importante que hoy te preguntes dondé está el Espiritu Santo que recibiste en los sacramentos? Si la respuesta te lleva a enumerar muchas obras buenas que has podido realizar a imagen de Jesús, felicitaciones!; pero si la respuesta es no, valdría la pena entonces en buscarlo para saber dónde lo dejaste la última vez que lo traías contigo; tal vez estará encerrado con doble cadena y candado de seguridad antiservicio.

Si Jesús sopló su aliento enviando el Espíritu Santo, sopla  tú más fuerte en tu comunidad.    

miércoles, 29 de enero de 2014

Actividad Familiar: "Familia, vive la alegría de la Fe"

En el Año internacional de la Familia declarado por la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y como preparación a la Celebración de la III Asamblea extraordinaria del Sínodo de Obispos: “Los Desafíos Pastorales de la Familia en el Contexto de la Evangelización” (Octubre 5-19 de 2014), El Ministerio Hispano de la Diócesis de Raleigh les hace la cordial invitación a ser parte del proceso de formación que desarrollaremos bajo diversas actividades en el marco del plan de trabajo presentado para este año: “Nuevas Familias a la Luz de la Palabra y el Magisterio”

Gracias al apoyo recibido por el Pontificio Consejo para la Familia en la ejecución de este Plan de Trabajo, nuestro primer paso consistirá en el desarrollo de una Actividad Familiar:"Familia, vive la Alegría de la Fe" teniendo como base el discurso que el Papa Francisco, presentó el 26 de octubre de 2013 en la Plaza de San Pedro.

Objetivo
Reflexionar en cada hogar, bajo la coordinación de un miembro de la familia, la importancia de vivir la alegría de la fe desde las recomendaciones  del Santo Padre.

Estrategias
·         Cada familia –previamente- acordará el día y la hora entre el 24 de febrero y el 2 de marzo, para desarrollar la actividad.
·         Elegirán un lugar de la casa donde reunirse.
·         Un miembro de la familia coordinará el trabajo.
·         Recomendamos finalizar la actividad con un compartir (cena, salida familiar, etc.)
·         Una vez que desarrolles este material, puedes enviarnos una foto familiar indicando el apellido a través del siguiente correo electrónico william.cardona@raldioc.org  o hashtag: #NuevasFamiliasalaLuzdelaPalabrayelMagisterio
·         Con las fotos realizaremos un álbum de familias y lo enviaremos al Pontificio Consejo para la Familia en Roma.
·         Los invitamos a compartir la experiencia vivida con otras familias de su parroquia.
Cómo recibir el material de trabajo?
Si desea ser parte de esta Actividad Familiar, puede descargar el material de trabajo haciendo clic en el siguiente enlace:


Cuál es la siguiente actividad?
Nuestro siguiente paso, es profundizar los Numerales 49 y 50 de la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio a través de una actividad parroquial: "Participación en la vida y misión de la Iglesia”  en la semana del 31 de marzo al 6 de abril.

Para mayor información o si desea recibir el documento de trabajo por correo electrónico puede comunicarse con:

Andrea Blanco y William Cardona
Mobile: 9198104213
Email:william.cardona@raldioc.org

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Dichosos los…

El Evangelio de Mateo nos trae como reflexión las bienaventuranzas que Jesús enseñó a la gente que lo acompañaba de camino al monte, lugar predilecto por el maestro para orar. En este sermón, Jesús utiliza una palabra clave en cada frase que repite: “dichosos” o en algunas traducciones bíblicas “bienaventurados”; palabra que enmarca la verdadera felicidad que el hombre debe vivir o buscar (ver Mateo 5, 3-12).

Para el Maestro, dichoso es aquella persona que sufre cualquier adversidad que la vida misma le ha proporcionado  (pobreza, sufrimiento, hambre, persecución o insulto) o realiza cualquier acción que beneficia a los demás (misericordia, paz, justicia o amor). Lo común de esta dicha o bienaventuranza es que el Reino de Dios es la recompensa que disfrutaremos si con paciencia soportamos los problemas o con liderazgo nos comprometemos por el hermano.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Síganme y los haré pescadores de hombres

En su recorrido por el lago de Galilea, Jesús invitó a dos parejas de hermanos (Pedro, Andrés y a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan) para que lo siguieran en su misión de pescar hombres y convertirlos, ya que el Reino de Dios está muy cerca (ver Marcos 1, 16-20).

Después de tantos siglos (expansión el cristianismo, crecimiento de los latinos católicos en Estados Unidos), Jesús sigue lanzando las redes no solamente a hombres, sino también a mujeres, jóvenes y niños para que hagan parte del grupo de pescadores, ya que siguen faltando obreros.

Frente a este gran desafío que nuestra Iglesia tiene, es triste saber que son muchos los bautizados o los que nos llamamos católicos, pero que no asumimos un compromiso ministerial con la parroquia a la cual pertenecemos. Somos católicos de nombre, somos católicos de fiestas importantes (Semana Santa, Navidad o fiestas guadalupanas) o somos católicos de sacramentos, porque cuando es el Bautizo o la Primera Comunión de nuestro hijo, asistimos a la Iglesia por obligación más que por opción. Somos católicos sólo cuando necesitamos algo o alguna enfermedad o tristeza ronda nuestro hogar.

miércoles, 30 de octubre de 2013

El Zaqueo de nuestro interior

El Evangelio del próximo domingo 3 de noviembre, nos presenta la historia de Zaqueo (ver Lucas 19, 1-10), un hombre publicano y jefe de recaudadores que trabajaba para los romanos pidiendo más dinero del que estos exigían, haciéndose de esta manera rico fácilmente; por eso era odiado.

Este hombre, que era pequeño de estatura, quería ver a Jesús, pero se lo impedía la gente que estaba a su alrededor. Por tanto él, sin vacilar, se subió a una higuera, un árbol que en el tiempo de Jesús simbolizaba suciedad, ya que su fruta servía para alimentar a los cerdos. Zaqueo, estando en lo alto de la higuera, escuchó las palabras del Maestro que, dirigiéndose a él,  le pide que baje enseguida porque ese mismo día él iba a alojarse en su casa.

viernes, 25 de octubre de 2013

Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido…

Cuando se trata de dar gracias pensamos que es decir una palabra bonita o expresar un gesto que recompense a quien nos ha hecho un bien o nos ha dado un regalo de cualquier tipo. Otros creen que es una obligación o que es una manifestación de buena educación. Ciertamente quien da a otros y recibe una señal de agradecimiento, en la mayoría de las veces se siente pagado o se siente satisfecho por haber hecho un bien. Yo quisiera abrir la percepción de esta simplificada idea de lo que es la “Acción de gracias” o el ser agradecido.

El agradecimiento es un sentimiento positivo generado en la persona que ha recibido un favor de diferentes naturalezas: material, espiritual, emocional (deseándolo y esperándolo o de manera sorpresiva) y lo estima, es decir lo valora. Es diferente a la obligación moral de quien no experimenta el sentimiento de gratitud y agradece sólo por ser esto un deber o para mostrar una buena educación; así no se beneficiará del agradecimiento verdadero.

Como todo sentimiento, el agradecimiento genera cambios transformativos en la persona que lo experimenta: ésta se siente más feliz, animada, con ganas de vivir y amar. En la actualidad, se observa que las personas agradecidas no se deprimen, tienen mejor calidad de vida. Por supuesto que la persona que recibe el agradecimiento también se siente más honrada y motivada a seguir haciendo acciones que generen tal felicidad en los otros y en sí misma.

jueves, 24 de octubre de 2013

Tú, ¿estás vivo o muerto?

Existe una discusión entre Jesús y los saduceos, un grupo de sacerdotes ricos y poderosos asociados al Templo de Jerusalén que en algunas ocasiones eran belicosos y groseros en sus interacciones sociales. El tema de discusión gira en torno a la resurrección, ya que ellos le preguntan a Jesús a cuál de los siete hermanos que murieron y se casaron con la misma mujer le pertenecerá en la otra vida.

Jesús, frente al cuestionamiento, responde que en la otra vida todos seremos tratados como ángeles y no volveremos a morir ni a casarnos nuevamente porque gozaremos de la resurrección ya que nuestro Padre es un Dios de vivos, no de muertos (ver San Marcos 12, 18-27).

¡Qué tan importante es entender que somos hijos de un Padre vivo, que está presente en cada movimiento que realizamos, en cada cosa que proyectamos, en cada meta planeada, en cada acción que hacemos desde la mañana hasta que termina el día! Eso quiere decir, que si nos sentimos verdaderos cristianos católicos tenemos que vivir cada momento con toda intensidad, tenemos que reflejar al otro (hijos, esposa, esposo, familiares, amigos, comunidad, etc.) que estamos vivos, que existimos, que estamos presentes, que soy persona, que también siento, que también valgo, que soy un ser único e irrepetible sobre la tierra.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Oh Dios, te doy gracias porque… ¿no soy como los demás?

Hay una parábola entre un fariseo que oraba en el templo enalteciéndose de las cosas que él no hacía y los demás sí porque se creía puro, y un publicano que de manera arrepentida y humillada pedía perdón por sus errores. Jesús concluye con la siguiente frase: “Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido" (Leer Lucas 18, 9-14).

Podríamos utilizar las dos figuras nombradas anteriormente (fariseo y publicano) para referirnos a dos clases de personas que tal vez nosotros conocemos o hemos visto en nuestras parroquias, ministerios, familias o amigos. Dos perfiles que deberíamos identificar para hacer nuestro examen de conciencia.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Amar a los enemigos

El evangelio de Mateo nos recuerda  una de las enseñanzas que Jesús presentó a sus discípulos para que ellos lo practicaran y fueran pasando de generación en generación. Esta enseñanza era nada más y nada menos que AMAR A NUESTROS ENEMIGOS, a tal punto de borrar de los corazones la venganza que nos lleva a decir: “ojo por ojo, diente por diente” (ver Mateo 5,38-47).

Han pasado más de 2000 años desde que Jesús nos recomendó amar a nuestros enemigos y pareciera que esta enseñanza fuera la más difícil de practicar, puesto que las grandes guerras, los atentados terroristas, las venganzas y las peleas a veces entre vecinos o en las mismas familias tienen de común la palabra “enemigo”.  Incluso, ciertos padres enseñan a sus hijos a ser fuertes y agresivos con aquellos que les han ocasionado un disgusto, simplemente porque son sus enemigos.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

¿Cómo orar sin desanimarse?

El tema es aparentemente bastante fácil, si partimos de la base que la oración es un diálogo de plena confianza con Dios en el que le exponemos de manera sencilla nuestras alegrías, tristezas, sueños, frustraciones, peticiones, agradecimientos y todo lo que uno le podría contar a ese amigo que siempre está ahí, en las buenas y en las malas. Pero al mismo tiempo, el tema adquiere cierto grado de dificultad cuando aparece el desánimo, el cansancio o la desmotivación al creer que no existe destinatario al otro lado de la línea escuchando mi oración.